He oído con perplejidad las declaraciones de un representante de las juventudes socialistas, recomendando cambiar el destino del dinero que recibe la Iglesia, para emplearlo en no sé qué proyecto alternativo.
Mi incredulidad no viene por la propuesta en sí, sino por quién la hace: Unos señores que desde casi su infancia, en lugar de procurar hacer algo de provecho, se agarran a la “teta” del Estado con la esperanza de vivir sin pegar golpe.
Además, parece mentira que ellos, que no hacen nada por la Sociedad, (sólo trabajan por el interés de su partido, muchas veces priorizándolo sobre o incluso en contra del interés general), echen pestes de una Institución que, primero, se mantiene de la “X” que algunos marcan en su Declaración de la Renta, (y deberían tomar ejemplo los Partidos, Sindicatos y Patronal, buscando mantenerse de sus afiliados en lugar de vivir de subvenciones del Estado), y que mantiene organizaciones como Cáritas, en la que el 90% del personal es voluntario, por lo tanto sin cobrar, (vuelvo a decir a los mismos lo de tomar ejemplo), asilos para ancianos indigentes, (cosa que debería hacer el Estado en lugar de mantener parásitos), las Misiones en el extranjero, e incluso sacerdotes que dan de manera gratuita y sólo a quien se lo pide, asistencia moral y espiritual en los Hospitales, Tanatorios etc.
El día que puedan decir que han hecho algo, no ya equivalente, sino simplemente algo por la Sociedad, (no me valen sólo las palabras y mucho menos la demagogia), podrán hablar con autoridad moral. Hoy por hoy, lo mejor que pueden hacer es callarse.

