Siempre he creído que el Gobernante no es más que un administrador de los bienes de todos: ingresa un dinero (no dinero “que no es de nadie”, sino de nuestros impuestos), y debe administrarlos de la manera más eficiente para conseguir el máximo de bienestar para todos nosotros. Su misión no es buscar su reelección, ni convencer de que su ideología política es la mejor, ni mucho menos beneficiar a unos amiguetes porque le han ayudado a llegar al poder.
Esto viene a cuento de que el hecho de que en una época determinada haya unos ingresos anormalmente altos, no justifica que se pueda despilfarrar el dinero, y mucho menos utilizarlo en beneficio propio o de tu partido. Las reformas que ha propuesto el Ejecutivo actual en Sanidad, concretamente en los medicamentos, son reformas que deberían haberse implantado desde que la Sanidad es pública: compra de la cantidad que se necesita, (si se necesitan catorce pastillas, comprar catorce pastillas y no una caja de veinticuatro. Ahorro estimado: 1000 millones/año), compra centralizada para conseguir mejor precio, (ahorro estimado: 1000 millones/año), ajustar el precio de los genéricos, (ahorro estimado: 2000 millones/año). Sólo en estas tres partidas, llevamos mucho tiempo de gastando 4000 millones de euros cada año de más, favoreciendo la automedicación, y generando una gran cantidad de desechos.

