Ayer encontré en el desván una bola de cristal y resulta que
predecía el futuro. ¿Quieren saber lo que me dijo sobre el “banco malo”?
Primero, que eso de que no costará a los contribuyentes ni un euro, ni hablar:
perderá dinero desde el primer día hasta el último que no será a los quince
años como dice el Gobierno, sino cuando,
al igual que las Cajas, haya perdido tanto que las Arcas del Estado no puedan
sostenerlo más.
Segundo, servirá, al igual que las cajas, para colocar
“gente de confianza” de los políticos o como “cementerio de elefantes” para
políticos ya “amortizados”.
Tercero, que eso de que hay un límite hasta los 90.000
millones, (que ya es una barbaridad), ni hablar: servirá para que los bancos ya
no tengan que mirar a quién prestan, porque podrán ir pasando sus “muertos”, a
medida que los vayan generando “at infinitum”.
Cuarto, que por mucho que el Gobierno busque inversores
privados, no los encontrará, y el dinero deberá ser publico, porque, ¿Quién en
su sano juicio arriesgaría su dinero en un proyecto semejante?
Yo, no sé porqué, me fío mucho de la bola de cristal que predice el futuro. Tanto, que estoy dispuesto a apostar con quien quiera a que las cosas, más o menos, irán así. Y si no, al tiempo.
Francesc Puig Raposo
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