Los dirigentes del PSOE hablan como si hiciera mucho más de cien días que estaban en el poder. Acusan al actual Gobierno de mentir, y, aunque sea verdad, parece que se olvidan de sus muchas mentiras: intentaron convencernos de que la guerra de Afganistán era una misión de paz; se calificaron a sí mismos de liberales, cuando el nivel de injerencia en la vida de los ciudadanos, así como el de represión, fueron enormes; se disfrazaron de abanderados del “buen rollo” cuando no hicieron más que dividir y enfrentar, creyendo que ello les beneficiaba; negaron la crisis, incluso cuando era ya más que evidente que estábamos inmersos en ella y estuvieron tres años con el cuento de los brotes verdes, y con “en el próximo semestre saldremos de la crisis” cuando la realidad era que, “gracias” a sus continuos errores en materia económica, no hacían más que alejarnos de ella. Y no sigo porque la lista sería interminable.
Además, ahora consideran que las declaraciones del señor Sarkozy referentes a España son intolerables cuando, aparte de ser totalmente ciertas, el señor Zapatero intervino tanto en las elecciones alemanas, contra la señora Merkel, como en las francesas, contra él a favor de la señora Royale, (cosa que además demostró dos cosas: su “buen” olfato para apostar por el ganador, y que para él era más importante la ideología socialista que el bien de su país).

