Si hay un lugar común en todas
las investiduras que recuerdo éste es el de que (a ver si les suena): “Impulsaremos
una ley de emprendedores, y empezaremos por la creación de una ventanilla única
para agilizar los trámites de creación de nuevas empresas” (tradúzcanlo al
catalán o al gallego, o imagínenlo dicho con acento andaluz o vasco, y también
valdrá). Y vale también para todo tipo de investidura: la de Presidente de
Gobierno, de Presidente de Comunidad Autónoma, o incluso de Alcalde, (incluido
el de Tarragona).
Y si hay un lugar común a todos los
fines de Legislatura que recuerdo, es la de que no sólo se ha incumplido, sino
más bien al contrario: durante todas las legislaturas se han ido endureciendo
las condiciones.
El emprendedor español, persona por la que cada vez siento más admiración, sigue siendo la víctima: en cuanto manifiesta la intención de impulsar un nuevo proyecto empresarial, las Administraciones, se diría que en un intento de disuadirle en lugar de animarle a llevarlo a cabo, se lanzan sobre él con trabas de todo tipo, ya sean leyes, (Estatales, Autonómicas, Municipales, medioambientales, Impositivas, Sindicales, etc), certificados, declaraciones, tasas, (muchas de ellas por adelantado, e incluso a fondo perdido), etc. Si recordamos que en España el empleo lo crean las pequeñas y medianas empresas, cada uno puede sacar sus conclusiones de cuándo vamos a salir de la crisis en la que nos encontramos.

