juliol

ES POSIBLE
Nunca se pierde la esperanza cuando un ser como tú llega a la vida, podada y maltrecha, de un ser castigado como yo. Pero tu dulzura suprema me dió promesas de regeneración, y así ha sido: fuerza, lucha, palabras tan embriagadoras como el mosto de los dioses, como aquel hidromiel arcano que revitalizaba los héroes, que comían semillas de gamón y libaban la miel de las colmenas de Arcadia. Allí te encontré, y allí te llevaré, en el final de los tiempos, cuando todos volvamos a ser lo que fuimos una vez. Lo que fue una vez.

CASI ABISAL
Digamos adiós a las penas. Se abre un horizonte nuevo. De lucha, sin duda. Pero ya no de desesperación.
Tu recuerdo me llena. Recuerdo de un tiempo casi abisal, tan profundo quedó grabado en mi mente. Cuando el olor del musgo era uno con el susurro del agua que la lluvia hacía descender por el alero.
Te huelo aún.

POR TI
Es una palabra hermosa. Esperanza.
Cuando un día, que parece ser tan anodino como los demás, nos despierta un jilguero…ese día se ve que será diferente.
La luz del sol tiene un brillo límpido, como todo después de una lluvia intensa. Parece que todas las cosas fueran nuevas. El aire entra en los pulmones con tanta facilidad…y entonces, el milagro. Una sensación, dormida hace tanto tiempo…un roce…lo noto, lo siento…no, no puede ser verdad, demasiado hermoso…
La leve sensación de cosquilleo vuelve…no, no puede ser…
Las manos. Siento las manos.
Te sentiré a tí. Algún día. Eres la fuerza que me mueve. Por tí lo haré, por tí he soñado miles de noches en que podía volver a sentir, a tocar, a caminar.

HEROES
Estar oculto siempre me ha resultado cómodo. De hecho es la mejor manera de no ser dañado. Uno mismo en su propio ser, sin interaccionar con nadie más. Se evitan decepciones. Bien es cierto que todos somos diferentes, libres, propios…pero, ¿es necesario que sea tan difícil encontrar amigos, compañía, proximidad? Para mí, sí. Y llega un momento en que ya, por principio y por final, no se busca más. Se disfruta de la deliciosa finitud de los momentos, saboreados, paladeados hasta el éxtasis. Para luego caer pero sin miedo ya al dolor, porque de tanto repetir una y otra vez el salto en el trapecio, acabamos siendo dueños de nuestras propias caídas, y por lo tanto ya nada ni nadie puede dañarnos. Si acaso queda, en un pequeño rincón de nuestro ¿corazón? un leve recuerdo de un dolor viejo, olvidado casi, y por lo tanto hermoso, que pugna por punzar un momento nuestro ser. Pero no lo consigue ya. Somos héroes.

Quant a Robin

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