COMPLEJA
A veces sé que no te comprendo. Eres compleja, multiforme, rica en sentires.
Sé que soy incapaz de captar esta riqueza.
Tú te entristeces. Das tanto…y yo no soy capaz de captarlo en toda su dimensión.
REPOSO
Otros te agreden. Vienes a mí buscando reposo.
No hace falta que me expliques nada; yo sé lo que te pasa.
Demasiado corazón, demasiada alma.
Pero cuéntame: te escucho.
Y mientras hablas, mi mano te acaricia el rostro.
Una lágrima: no…no llores. Te beso los ojos. No llores, mi cielo, mi dulce niña.
Yo te quiero. Déjalos, déjalos a todos. Ven a mí.
OLOR
Aroma de mujer. Sin perfumes.
Qué olores desprende una hembra. Sin enmascar, con la fuerza de la femineidad. A mar, acre a veces, penetrante cuando te excitas, cuando te muestras ante mí, ofreciéndote, retadora. -Tómame, macho, huele mi deseo-.
Sudor, saliva. A veces lágrimas de placer. Mis dedos, mojados, conservan tu olor durante tiempo. Te recuerdo en el olor de mis manos, en el sabor de mis labios.
EL TEMPLO
Una mujer sobre mí. En la cama. Se sienta sobre mi vientre. Se mueve apenas…
Parece el arco de una iglesia románica: redondeado, sostiene a la bóveda.
Ella es la bóveda celeste que me cubre. Sus leves movimientos me acunan. La oscuridad de su pubis me remite a los templos antiguos, a las criptas húmedas y ocultas.
Musgos, helechos…y su humedad sobre mi, rozando, acariciando, dejando su marca sobre una vieja piedra gris.
HIPERBOLE
Brillante, de repente, luce la posibilidad. ¿Me quieres? No me atrevo a decírtelo: yo te quiero.
Doy vueltas, en hipérboles imposibles. Te escribo, en metáforas atrevidas.
No sé si me entiendes. A veces lo parece…otras me sumes en las dudas: entonces aparece la tortura, fantasma omnipresente que puebla la mente de abismos…
¿Me quieres? Yo te quiero.
ROSA, LIMON, JAZMIN…
Sí, hay que mirar hacia afuera. El aire fresco, es verdad, trae fragancias. Rosa, limón, jazmín.
El jazmín es el que más me gusta. Tan espeso, tan denso, que flota en el aire por tanto tiempo… Es por eso que cuando te rodea, permanece después, omnipresente: en mi ropa, en mis manos, en mi cama.
Sur, rojo, sol, calor. Voluptuosa, hembra de caderas contundentes, rotunda, húmeda, disfrutando abiertamente de sus jugos, sonriendo ante mí.
BRISA
La brisa fresca siempre se agradece. Y cuando entra por una ventana recien abierta, después de una noche de insomnio, de soledad mal compartida, hace sonreir.
La brisa fresca de la primavera entra contigo, con tu alegría de vivir. Cada día una aventura. Haces de lo insignificante, gozo. De lo habitual, un reto.
Esos ojos que miran así lo visible…¿qué verán en las almas?
MUJERES
Mujeres. Personificando el eterno femenino. En tantas facetas, con tantos matices.
Algunos dicen: todas son iguales.
No, no es cierto. En cada una, una riqueza.
Se pueden tomar, se pueden poseer, sus cuerpos. Pero sus almas por siempre nadan en las aguas del mar primordial. Mar-mare-madre.
Las anhelamos, las buscamos. Perdernos, encontrarnos, por un momento, en el útero acuoso del principio, cuando nadábamos indiferenciados en las aguas de vida primigenia.
Nadar en tí.
CONFUSION
El único empeño de Marushka era arrastrarme a un abismo de confusión. Confusión: era su palabra favorita. Al principio, sus mails eran neutros, hasta cariñosos a veces. Luego, a los pocos días, iniciaba el acoso de la confusión. Retaba contínuamente mi alegría, intentando minar la seguridad primordial que me caracteriza.
A Marushka le encantaba leer mis tendencias oscuras. Me arrastraba a ellas, esperando…no sé qué esperaba. Supongo que anhelaba oirme decir que mi seguridad era una farsa, que necesitaba de su guía, para luego asestarme una estocada en forma de desprecio y abandono.
No lo consiguió.
ESCUCHAR
Escuchar, escuchar, escuchar…
Tengo que escuchar, siempre. Segundos, minutos, horas incluso.
Todo me lo vacían, me lo vomitan.
Escuchar, sin interrumpir. Apenas una matización.
Escucha, escucha, escucha…
Cuando se han vaciado, adiós.
A veces he intentado decir algo. Explicarme.
Es inútil. Nadie oye, nadie escucha.
Escucha, escucha, escucha…
Vomitan.